La profecía de Basílides, (1630-1660), obra de Giovanni Cesare Tesa, basada en una anterior de Pietro Testa. En el dibujo, el emperador Tito, de camino a Jerusalén consulta a Basílides, quien le muestra una visión del Dios Padre con Cristo muerto.

c. 120

Platón, en su diálogo Político utilizó el término gnostikoi–"aquellos capaces de conocer"– para las personas que pensaba que debían gobernar la sociedad. Muchos otros filósofos utilizaron el mismo término en los años siguientes. A comienzos de la era cristiana se le dio otro significado; aquellos que fueran capaces de conocer los misterios del mundo espiritual, miembros de un movimiento secreto que unía la filosofía de Platón con elementos del Egipto, Grecia y el cristianismo para crear una nueva espiritualidad teñida profundamente del ocultismo. Actualmente los conocemos como gnósticos.

Nadie está seguro dónde nacieron los primeros gnósticos, pero es probable que fuera en Alejandría, donde vivió y enseñó el primer maestro gnóstico importante. Su nombre era Basílides de Alejandría. Los únicos fragmentos supervivientes de sus enseñanzas aparecen en los escritos superiores de cristianos en búsqueda de herejías, y esos registros son tan escasos que solo podemos hacernos una idea general.

Como otros gnósticos posteriores, Basílides enseñaba que el alma humana había descendido de un mundo de luz a la oscuridad de la materia y estaba atrapada ahí por maquinaciones de un dios malvado, Yaldabaoth el demiurgo. Jesús –enseñó–, había bajado desde el mundo de la luz para enseñar a los caídos el camino de regreso a su hogar. Siguiendo las enseñanzas de Jesús tal y como las entendían, los gnósticos practicaban exigentes disciplinas espirituales y aprendían los conjuros y hechizos que les permitían derrotar a los demonios de Yaldabaoth.

Cuando surgió el gnosticismo en el siglo II la cristiandad era una secta dispersa sin poder político y con una doctrina poco consistente. Debieron pasar tres siglos más antes de que esto cambiara, y cuando lo hizo, los gnósticos fueron víctimas de una salvaje persecución por parte de los cristianos ortodoxos.


Véase también:
  • Valentín pierde la elección papal (155)
  • El Corpus Hermeticum (Siglo III)
  • La cruzada albigense (1208)


Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.

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