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Una ilustración de Merlín de Las crónicas de Nuremberg una interpretación de la historia del mundo y de la Biblia escrita por Hartmann Schedel, 1493.


573


Su nombre real era probablemente una variante de Ambrosius y nunca se encontró con el duro señor de la guerra británico-romano al que hoy se le recuerda como Rey Arturo, pero Merlín el encantador fue aparentemente una persona real. Vivió en las tierras bajas escocesas en el siglo VI, y partes de su biografía sobrevivieron lo suficiente para ser incluidas en un romance del autor medieval Geoffrey de Monmouth.

Gran Bretaña en el siglo VI estaba devastada por la guerra. Los guerreros sajones de lo que es actualmente el noroeste de Alemania habían sido invitados como mercenarios, pero se rebelaron apropiándose de territorios. Los británicos no eran capaces de unirse contra los sajones por muchas razones, incluida la lucha religiosa que dividía a cristianos y paganos y los llevó a la guerra. En el 573, en la batalla de Arderydd, el último gobernante pagano en Gran Bretaña al sur de las tierras altas fue derrotado y murió a manos de un ejército cristiano. El rey se llamaba Gwenddolau, y el Merlín original era el poeta de la corte, y muy posiblemente, su sacerdote druida; la elegía de Merlín por el rey caído está entre los poemas más antiguos que se conocen en lengua galesa.

Cómo la historia de Merlín se unió al corpus de historia alrededor del Rey Arturo es difícil de decir, pero cosas así han pasado muchas veces en la historia de las leyendas. Una vez que se unió a las enormemente populares historias artúricas, Merlín se convirtió rápidamente en el arquetipo en el que se modelaron magos posteriores, y profecías de otros autores atribuidas a él fueron tan populares en la Edad Media como las de Nostradamus en la actualidad.



Véase también:


Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.
Un mosaico realizado en el año 547 muestra al emperador Justiniano I en la iglesia de San Vital de Rávena, Italia.

538

Ninguno de los paganos que quedaban en el mundo romano tenían dudas sobre lo que iba a venir, pero el final debió de ser una conmoción. En el 538, el emperador Justiniano despojó a todos los no-cristianos y cristianos herejes del imperio de todos sus derechos civiles y ordenó el cierre de todas las instituciones educativas y culturales paganas. Las protestas por parte de la minoría pagana fueron suprimidas por las fuerzas del gobierno, y terminó la larga historia del paganismo en el mundo antiguo.

Como respuesta, algunos de los paganos restantes eligieron un recurso desesperado y viajaron al este hacia las fronteras del Imperio. Algunos encontraron su hogar en el Imperio persa, mucho más tolerante que Roma. Otros viajaron más lejos todavía, hasta el Asia Central y las provincias más remotas del Imperio Chino, donde las herejías cristianas encontraron también asilo. Un número significativo, se establecieron en Harrán.

Esta ciudad había existido desde el tercer milenio antes de Cristo, enclavada en un valle de los que actualmente es el sudeste de Turquía: una ciudad de ladrillos de barro rodeada de campos verdes y colinas marrones. Los sumerios que la fundaron como un lugar de comercio se la dedicaron a su diosa la luna, Sin, pero absorbió religiones y tradiciones mágicas de incontables gentes del Oriente Medio que pasaron a través de los largos ciclos de la historia.

La llegada del cristianismo y la prohibición legal del paganismo tuvo sorprendentemente poco impacto en Harrán. Una ciudad situada en la accidentada frontera entre los imperios romano y persa se podía permitir ignorar las leyes romanas que prohibían el culto pagano. En los años siguientes, Harrán se convirtió en el último reducto del neoplatonismo de Jámblico y Juliano, enseñando una versión del culto pagano entremezclada con enseñanzas y prácticas ocultas.


Véase también:
  • Batalla de Harrán (1271)


Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.
Una placa votiva del siglo iv, conocida como la Tablilla del Ninnio, que muestra los ritos de iniciación a los misterios eleusinos. Museo Arqueológivco Nacional de Atenas

396

Durante dos mil años, quizás más, se venían celebrado ceremonias cada otoño en el pequeño pueblo de Eleusis cerca de Atenas, volviéndose más famosas y elaboradas con el paso de los años. En tiempos de Roma, el templo del misterio en Eleusis era un enorme edificio del tamaño de la mitad de un campo de fútbol, y la gente venía de todas las esquinas del mundo antiguo.

Todos los nuevos iniciados debían pasar por ceremonias preliminares en el río Ilisos en el mes de Antesterión, nuestro febrero, en donde ofrecían sacrificios, se purificaban con el agua y escuchaban las enseñanzas. Año y medio después, en Boedromión (nuestro septiembre), marchaban a Eleusis llegando al anochecer, y entraban al templo donde se representaba la ceremonia de iniciación. Nadie sabe hoy en día en qué consistía, pero los antiguos escritores estaban de acuerdo en que aquellos que pasaban por ella perdían el miedo a la muerte.

Incluso después de que los cristianos llegaran al poder, los Misterios Eleusinos continuaron durante un tiempo y revivieron con fuerza durante el breve reinado de Juliano. Cuando un nuevo emperador publicó un edito en el año 384 prohibiendo las reuniones nocturnas paganas, el procónsul de Grecia Vettius Agorius Praetextatus desafió la orden poniendo en riesgo su posición y su vida. Pese a ello, disputas políticas entre los paganos restantes y la incesante presión de los cristianos zelotes llenó de problemas los últimos años de los Misterios.

Finalmente, en el 396, los bárbaros visigodos invadieron Grecia. Eran recién convertidos al cristianismo y saquearon y destrozaron santuarios paganos por todo el país, incluido Eleusis. Aunque pequeños grupos de paganos mantuvieron una apariencia de los antiguos ritos en otros lugares durante muchos años, la destrucción del templo marcó el final de los Misterios Eleusinos en su forma tradicional.


Véase también:


Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.
Busto del siglo iv del emperador romano Juliano el Apóstata, del Museo Capitolino en Roma, Italia.

363

En el 313, el emperador romano Constantino emitió el Edicto de Milán, que eliminaba las sanciones contra los cristianos y daba a la iglesia una serie de privilegios. Los cristianos respondieron atacando al paganismo apoyados por el Gobierno del Imperio, Lo que hizo que los monjes y sacerdotes cristianos fueran inmunes a la persecución. Sin embargo, antes del triunfo de la nueva religión, una improbable serie de eventos llevó al trono a un filósofo pagano.

Como hijo del hermanastro de Constantino, Juliano (c. 331-363) recibió una devota educación, pero rechazó el cristianismo en favor de los antiguos dioses paganos. Estudió en Éfeso y Atenas y abrazó el neoplatonismo mágico que había enseñado Jámblico.

Entonces, Constancio II, el nuevo emperador hijo de Constantino, puso a Juliano al mando de Bretaña y las Galias, puso a Juliano al mando de Bretaña y las Galias. El joven resultó ser un competente general y administrador, venciendo a los bárbaros en la frontera y reformando el gobierno local. Constancio, un fanático cristiano, tuvo celos de su primo; los soldados de Juliano lo declararon emperador y con la súbita muerte en el 361 de Constancio, todo el mundo romano reconoció a Juliano como el heredero de los césares.

Rápidamente proclamó la tolerancia para todas las religiones, reinstauró los templos y sacerdotes paganos allí donde habían sido abolidos y eliminó los privilegios de los clérigos cristianos. En el año 362, sin embargo, una escalada de tensión con el Imperio persa le forzó a abandonar la capital por Constantinopla y unirse a las fuerzas del este. A principios del año siguiente condujo los ejércitos romanos a la victoria cerca de Ctesifonte pero fue herido mortalmente poco después. Con él murió la última esperanza del paganismo clásico, y su implicación con la teúrgia ayudó a sentar las bases para los siglos de persecución que sufrió el ocultismo a continuación.


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Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.
Ilustración de Porfirio de Les vrais pourtraits et vies des hommes illustres Grecz, Latins et payens (Los verdaderos retratos de las vidas de griegos, latinos y paganos ilustres), publicado en 1584 por el explorador y cosmógrafo franciscano francés André Thévet. Jámblico fue estudiante de Porfirio, aunque más tarde desarrolló su propio sistema de creencias.

330

A finales del siglo III, el cristianismo era un poder en auge a través del mundo romano. A diferencia de las religiones paganas, el cristianismo no estaba comprometido con un statu quo en decadencia. Su llamada a los pobres y los oprimidos era muy atractiva en una época de agitación social y económica, pero todavía había multitud de gente leal a las antiguas tradiciones y buscaban unir a los paganos en una alianza defensiva contra la nueva fe.

El más exitoso de ellos fue Jámblico de Calcis (c. 250-330). Nacido en una familia de clase alta en la Siria romana, estudió la filosofía de Platón con los maestros Anatolio y Porfirio. En su juventud, la filosofía y la religión pagana estaban todavía en desacuerdo; Porfirio, por ejemplo, denunciaba la tradición pagana de sacrificar animales. Jámblico, al contrario, se dispuso a encontrar una base común entre filosofía y religión.

Lo hizo completando la fusión entre la filosofía y el ocultismo. Jámblico vio que la magia tradicional y las prácticas religiosas del mundo antiguo podían reimaginarse como una ayuda para la visión mística de la realidad que habían discutido Platón y Plotino. Llamó a esta nueva aplicación de la magia teúrgia, «el trabajo divino». En sus escritos, especialmente en Sobre los misterios, explicó cómo cada aspecto de la magia y religión tradicional pagana tienen sentido en términos platónicos y por tanto podían ser practicados y defendidos tanto por intelectuales como por romanos corrientes.

Jámblico estaba nadando contracorriente, y su intento de contrarrestar la expansión del cristianismo con un renacer del paganismo fallaría. A corto plazo, sin embargo, prendió la mecha para el último gran resurgir del ocultismo clásico, y a largo plazo, sus escritos y la teúrgia que enseñó se volverían poderosas influencias en las tradiciones ocultistas milenios más tarde.


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Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.
Página de un manuscrito bizantino del siglo xv ilustrando el equipamiento de destilación de Zósimo.


c.300

Cuatro siglos después del tiempo de María la Judía, la alquimia todavía estaba desarrollándose en la gran metrópolis egipcia de Alejandría, y fue ahí donde prosperó uno de los más importantes autores de la alquimia alrededor del año 300. Se llamaba Zósimo, había nacido en la ciudad de Panópolis en el sur de Egipto y visitó la antigua ciudad de Menfis para inspeccionar un antiguo horno alquímico; esos son los únicos hechos de su vida que sobrevivieron.

Sus escritos, sin embargo, nos revelan mucho acerca de la alquimia de su tiempo en Alejandría. Tuvo acceso a escritos de muchos alquimistas anteriores y consideraba el trabajo de María la Judía de especial valor. También conoció la literatura espiritual de su época y estuvo muy influenciado por el Corpus Hermeticum, que citó con aprobación en varios lugares. Para él, la alquimia trataba tanto de la transformación espiritual como la de sustancias materiales. Algunos de los escritos más influyentes tomaban la forma de secuencias de sueños en las cuales misteriosos lugares y personas daban pistas acerca de los profundos secretos de la alquimia. Ya sea o no el primero en hacerlo, sus escritos jugaron un papel fundamental en la importancia posterior de mitos, metáforas e imaginería simbólica en la literatura alquímica.

Muchos de los libros de Zósimo estaban dirigidos a una mujer llamada Theosebia que era una respetada alquímica. Los dos tenían aparentemente un desacuerdo acerca del secretismo; Theosebia mantenía la visión tradicional de que la alquimia solo podía enseñarse a alumnos seleccionados bajo un juramento de silencio, mientras que Zósimo creía que debía compartirse con todo el mundo. No hay ningún registro de lo argumentado por Theosebia, pero la historia nos muestra que su punto de vista fue el ganador del debate.


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Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.
Un busto romano de un filósofo romano que se piensa que puede ser Plotino, c. 350

244

En el siglo III, la gran era de la filosofía clásica hacía tiempo que había pasado, pero muchos en el Imperio Romano leían todavía a los filósofos griegos y discutían sus enseñanzas. Un hábil pensador con una visión única de las cuestiones fundamentales de la filosofía podía atraer a una audiencia y fundar una escuela, y eso es lo que hizo Plotino al llegar a Roma en el 244.

Plotino (c. 205 - 270) nació en Egipto y estudió en Alejandría durante once años con Amonio, un importante filósofo platónico. En el 243, se unió a la invasión del Imperio persa encabezada por el Emperador Gordiano, pero fue asesinado por sus propios soldados y Plotino tuvo muchas dificultades para llegar a las fronteras romanas sano y salvo. Esta experiencia parece que le previno de intentar más aventuras; se asentó en Roma y comenzó a dar clases de filosofía al pronto de llegar, quedándose allí hasta poco antes de su muerte.

Sus enseñanzas empezaban con la básica división platónica entre el mundo del Ser y el de la Apariencia, pero desarrollándola en una dirección más mística. Enseñó a sus alumnos a practicar la contemplación para entrar en comunión con el mundo del Ser, y también retrató los modelos básicos del mundo del Ser como seres inteligentes; generaciones posteriores los identificarían como los dioses y diosas de las religiones paganas o como los ángeles y arcángeles de la fe cristiana. Criticó duramente a los gnósticos, pero sus propias enseñanzas tenían muchas cosas en común con ellos, incluido un gran interés en la magia y en la astrología.

La revisión de Plotino de las enseñanzas de Platón, llamada neoplatonismo por los eruditos modernos, se convirtió en la gran escuela de la filosofía del mundo clásico. También se convirtió en la base sobre la cual ocultistas muy posteriores fundamentaron sus teorías.


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Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.
Hermes Trismegisto, supuesto autor del Corpus Hermeticum, tal y como se ve en este detalle en mármol obra de Giovanni di Stefano da Siena (c. 1446 - c. 1506)


Siglo III

La fusión de la filosofía griega y las misteriosas enseñanzas egipcias que habían dado lugar a la alquimia y al gnosticismo tuvieron otras consecuencias, una de las cuales pudo haber tenido una inmensa influencia en la historia del ocultismo. Fue la colección de escritos llamada Corpus Hermeticum, compuesto por quince tratados cortos supuestamente escritos por un sabio egipcio llamado Hermes Trismegisto en tiempos remotos. Realmente, eran el producto de una escuela de místicos que apareció en Egipto entre los siglos II y III, y que lo firmaron con el nombre del legendario fundador de su escuela.

Al igual que los gnósticos, los seguidores de Hermes creían que la humanidad descendió al mundo de la materia desde un reino más elevado y solo podía salvarse elevándose más allá de lo material. Sin embargo, rechazaban la afirmación gnóstica de que el universo era creación de un Dios malvado y predicaban autocontrol, filosofía de lo oculto, alquimia, astrología y magia, lo que llevaría a un renacimiento en el que los iniciados reconectaban con el reino espiritual y sus poderes divinos.

Copias del Corpus Hermeticum, junto con muchos otros escritos similares se difundieron por todo el mundo romano durante los últimos siglos del paganismo y jugaron un papel fundamental en la espiritualidad ocultista de aquella época. El mayor impacto del Corpus Hermeticum se dio siglos después. Una copia sobrevivió a los siglos de persecución cristiana y llegó hasta la Italia renacentista. Al traducirlo, la visión de una espiritualidad centrada en el ocultismo cayó como una bomba sobre Europa y marcó el comienzo de tradiciones que siguen vivas actualmente.


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Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.
Papa Pío I, del taller de Michel Wolgemut, utilizado como ilustración en el libro Liber chronicarum (o Crónicas de Nuremberg) de Hartman Schedel, publicado en latín y alemán en 1943.

155

Valentín (c. 100 – c. 160) Nació en un pequeño pueblo en el delta del Nilo en Egipto, y estudió en Alejandría. Era un devoto cristiano antes de ser ordenado sacerdote, estudió con Theudas, uno de los discípulos del apóstol Pablo, y se ganó una reputación por su santidad y su erudición. Como muchos cristianos de la época, era también gnóstico. En el 136, fue a Roma. En aquellos años, la autoridad entre los cristianos en la mitad occidental del imperio comenzaba a centralizarse, y la posición de Obispo de Roma había empezado a convertirse en la de Papa. Valentín esperaba heredar el puesto a la muerte de Higinio.

Sin embargo, en el 142, se eligió a Pío I en su lugar. Pío era un encarnizado opositor del gnosticismo y uno de los líderes de lo que se convertiría en la ortodoxia cristiana en los próximos años; su elección fue un duro golpe para el movimiento gnóstico. Valentín era todavía relativamente joven, y permaneció en Roma enseñando y escribiendo, con la esperanza de que la muerte de Pío despejara su camino hacia el papado.

Cuando Pío murió en 155, otro ortodoxo, Aniceto, fue elegido en su lugar. Valentín dejó Roma poco después, y se instaló en la isla de Chipre, donde enseñó hasta su muerte. Tras su derrota, sus muchos seguidores abandonaron las congregaciones cristianas para fundar otras. Los creyentes en otras versiones de las enseñanzas cristianas hicieron los mismo, y en su ausencia, la iglesia cristiana derivó hacia un severamente defendido dogmatismo.


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Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.
El asno de oro, tamibén conocida como La metamorfosis del Apuleyo, la única novela romana en latín que ha sobrevivido.

Siglo II

Hacían una pareja perfecta, o eso debía haber pensado Lucio Apuleyo (c. 124 – c. 170). De camino a casa desde a Atenas con su amigo Socino se encontró enfermo y Socino le llevó a su casa, donde su madre que había enviudado recientemente cuidó del joven y bello estudiante. Aemilia era joven, guapa, bien educada y rica; ella y Lucio se enamoraron rápidamente y se casaron.

La única pega eran los familiares de Aemilia, poco contentos con el súbito casamiento. Acusaron a Lucio de usar magia para seducirla y le denunciaron a los oficiales romanos. La acusación tenía algo de base, pues Lucio había estudiado filosofía platónica en Atenas, y la mezcla de la magia con las ideas de Platón ya estaba en marcha en su tiempo.

Afortunadamente, Lucio también había estudiado retórica, y estaba más que cualificado para defenderse ante un tribunal. En el juicio, todos los cargos fueron retirados, El discurso de Lucio pervive y provee una mirada intrigante acerca del ocultismo en apogeo de Roma. Lucio y Aemilia se fueron a vivir lejos de los parientes. Se establecieron en Cartago, donde se convirtió en un famoso orador, profesor y autor. Su libro más famoso, la única novela romana que sobrevive es El asno de oro; nos cuenta la historia de un joven idiota llamado Lucio al que una bruja le convierte en asno y pasa por una serie de disparatadas aventuras antes de que la diosa Isis le devuelve su forma humana. Al igual que el discurso de Lucio, contiene mucha información acerca del ocultismo en tiempo de los romanos.


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Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.