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Papa Pío I, del taller de Michel Wolgemut, utilizado como ilustración en el libro Liber chronicarum (o Crónicas de Nuremberg) de Hartman Schedel, publicado en latín y alemán en 1943.

155

Valentín (c. 100 – c. 160) Nació en un pequeño pueblo en el delta del Nilo en Egipto, y estudió en Alejandría. Era un devoto cristiano antes de ser ordenado sacerdote, estudió con Theudas, uno de los discípulos del apóstol Pablo, y se ganó una reputación por su santidad y su erudición. Como muchos cristianos de la época, era también gnóstico. En el 136, fue a Roma. En aquellos años, la autoridad entre los cristianos en la mitad occidental del imperio comenzaba a centralizarse, y la posición de Obispo de Roma había empezado a convertirse en la de Papa. Valentín esperaba heredar el puesto a la muerte de Higinio.

Sin embargo, en el 142, se eligió a Pío I en su lugar. Pío era un encarnizado opositor del gnosticismo y uno de los líderes de lo que se convertiría en la ortodoxia cristiana en los próximos años; su elección fue un duro golpe para el movimiento gnóstico. Valentín era todavía relativamente joven, y permaneció en Roma enseñando y escribiendo, con la esperanza de que la muerte de Pío despejara su camino hacia el papado.

Cuando Pío murió en 155, otro ortodoxo, Aniceto, fue elegido en su lugar. Valentín dejó Roma poco después, y se instaló en la isla de Chipre, donde enseñó hasta su muerte. Tras su derrota, sus muchos seguidores abandonaron las congregaciones cristianas para fundar otras. Los creyentes en otras versiones de las enseñanzas cristianas hicieron los mismo, y en su ausencia, la iglesia cristiana derivó hacia un severamente defendido dogmatismo.


Véase también:


Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.
El asno de oro, tamibén conocida como La metamorfosis del Apuleyo, la única novela romana en latín que ha sobrevivido.

Siglo II

Hacían una pareja perfecta, o eso debía haber pensado Lucio Apuleyo (c. 124 – c. 170). De camino a casa desde a Atenas con su amigo Socino se encontró enfermo y Socino le llevó a su casa, donde su madre que había enviudado recientemente cuidó del joven y bello estudiante. Aemilia era joven, guapa, bien educada y rica; ella y Lucio se enamoraron rápidamente y se casaron.

La única pega eran los familiares de Aemilia, poco contentos con el súbito casamiento. Acusaron a Lucio de usar magia para seducirla y le denunciaron a los oficiales romanos. La acusación tenía algo de base, pues Lucio había estudiado filosofía platónica en Atenas, y la mezcla de la magia con las ideas de Platón ya estaba en marcha en su tiempo.

Afortunadamente, Lucio también había estudiado retórica, y estaba más que cualificado para defenderse ante un tribunal. En el juicio, todos los cargos fueron retirados, El discurso de Lucio pervive y provee una mirada intrigante acerca del ocultismo en apogeo de Roma. Lucio y Aemilia se fueron a vivir lejos de los parientes. Se establecieron en Cartago, donde se convirtió en un famoso orador, profesor y autor. Su libro más famoso, la única novela romana que sobrevive es El asno de oro; nos cuenta la historia de un joven idiota llamado Lucio al que una bruja le convierte en asno y pasa por una serie de disparatadas aventuras antes de que la diosa Isis le devuelve su forma humana. Al igual que el discurso de Lucio, contiene mucha información acerca del ocultismo en tiempo de los romanos.


Véase también:


Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.
La profecía de Basílides, (1630-1660), obra de Giovanni Cesare Tesa, basada en una anterior de Pietro Testa. En el dibujo, el emperador Tito, de camino a Jerusalén consulta a Basílides, quien le muestra una visión del Dios Padre con Cristo muerto.

c. 120

Platón, en su diálogo Político utilizó el término gnostikoi–"aquellos capaces de conocer"– para las personas que pensaba que debían gobernar la sociedad. Muchos otros filósofos utilizaron el mismo término en los años siguientes. A comienzos de la era cristiana se le dio otro significado; aquellos que fueran capaces de conocer los misterios del mundo espiritual, miembros de un movimiento secreto que unía la filosofía de Platón con elementos del Egipto, Grecia y el cristianismo para crear una nueva espiritualidad teñida profundamente del ocultismo. Actualmente los conocemos como gnósticos.

Nadie está seguro dónde nacieron los primeros gnósticos, pero es probable que fuera en Alejandría, donde vivió y enseñó el primer maestro gnóstico importante. Su nombre era Basílides de Alejandría. Los únicos fragmentos supervivientes de sus enseñanzas aparecen en los escritos superiores de cristianos en búsqueda de herejías, y esos registros son tan escasos que solo podemos hacernos una idea general.

Como otros gnósticos posteriores, Basílides enseñaba que el alma humana había descendido de un mundo de luz a la oscuridad de la materia y estaba atrapada ahí por maquinaciones de un dios malvado, Yaldabaoth el demiurgo. Jesús –enseñó–, había bajado desde el mundo de la luz para enseñar a los caídos el camino de regreso a su hogar. Siguiendo las enseñanzas de Jesús tal y como las entendían, los gnósticos practicaban exigentes disciplinas espirituales y aprendían los conjuros y hechizos que les permitían derrotar a los demonios de Yaldabaoth.

Cuando surgió el gnosticismo en el siglo II la cristiandad era una secta dispersa sin poder político y con una doctrina poco consistente. Debieron pasar tres siglos más antes de que esto cambiara, y cuando lo hizo, los gnósticos fueron víctimas de una salvaje persecución por parte de los cristianos ortodoxos.


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Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.
Estatua del filósofo errante, comúnmente asociado con Apolonio de Tiana de los siglos II o III, en el Museo Arqueológico Heraklion en Grecia


Poco se conoce con seguridad acerca del más famoso mago del mundo romano. La biografía de Apolonio de Tiana (c. 15 -c. 100 d. C.) la escribió el autor griego Filóstrato más de un siglo después de su muerte y, como los biógrafos de aquel otro realizador de milagros del siglo I Jesús de Nazaret, llenó el relato de fascinantes historias, pero no se preocupó de incluir muchos detalles históricos.

Nació en la ciudad de Tiana, situada en el actual sur de Turquía. En su adolescencia estuvo muy influenciado por las enseñanzas de Pitágoras y decidió convertirse en discípulo de la Hermandad Pitagórica. El hecho de que no existiera ya la hermandad no fue un obstáculo para él; Apolonio se impuso las mismas disciplinas y austeridades que le hubiera impuesto Pitágoras, incluido el voto de silencio durante cinco años.

Más tarde se embarcó en viajes a través del mundo romano buscando sabiduría, y si creemos a Filóstrato, incluso atravesó el Imperio Persa y llegó hasta la India para estudiar con sus sabios. Durante este tiempo, su reputación como hombre santo creció. Como Jesús de Nazaret, era sobre todo conocido por curar a los enfermos y expulsar a los demonios, y se dice que resucitó a una niña. Cuando un rival celoso le trajo problemas con el gobierno romano, fue a Roma a defenderse ante los tribunales imperiales, fue absuelto y desapareció súbitamente de la sala. Ese mismo día se le vio en otra ciudad a kilómetros de distancia. A diferencia de su equivalente parcial de Judea, Apolonio murió de viejo. Durante siglos, talismanes basados en sus diseños se utilizaron como protección frente a naufragios, plagas y bestias peligrosas, pero no se fundó ninguna religión en su nombre.


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  Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.

Por mucho tiempo se ha asegurado que el agua fría es benéfica para la salud y la caliente no es muy recomendable, pero un nuevo hallazgo podría invertir dicha afirmación...

Investigadores de la Universidad de Loughborough, Reino Unido, afirman que al bañarnos con agua caliente quemamos las mismas calorías (140 en promedio) que al correr, ambas actividades durante treinta minutos.

Además, Steve Faulkner, quien encabezó la investigación, asegura que una ducha caliente también ayuda a prevenir la diabetes tipo 2, pues regula los niveles de azúcar en la sangre; así como a mantener bajo control la presión arterial y mejorar el sistema inmune.

De acuerdo con lo anterior: baño de agua caliente, combinado con ejercicio regular y dieta balanceada podría convertirse en una buena tercia para mantenernos en forma y saludables.
Detalle de la estela rúnica Røk en Røk, Östergötalnd, Suecia. Desde principios del siglo IX hasta nuestros días, muestra la inscripción rúnica más antigua en piedra y está considerada como el nacimiento de la literatura sueca.

c. Siglo I

Se que pendí nueve noches enteras
del árbol que mece el viento;
herido de lanza y a Odín ofrecido
- yo a mí mismo -,
de aquel árbol del que nadie sabe
dónde arrancan sus raíces.

En estos versos, parte del antiguo poema nórdico Havamal (Discursos del Altísimo), el dios Odín describe el acto de autosacrificio por el cual consiguió las runas, el alfabeto mágico de los pueblos germánicos. Durante más de mil años, los descendientes de estas tribus de Europa Central, Escandinavia y Bretaña usaban las angulares y duras letras rúnicas con propósitos mágicos, religiosos y también prácticos.

Los historiadores, que tienen que depender de registros escritos y evidencias arqueológicas más que en las palabras de deidades paganas, han estimado el origen de las runas en el actual sur de Alemania en un tiempo anterior al año 50 d. C., fecha de la primera inscripción rúnica conocida. Una vez que se inventó, rápidamente tomó un importante papel simbólico, espiritual y mágico, y mantuvo estos roles a través de las migraciones que siguieron al colapso de Roma y la larga y oscura edad que le sucedió.

Los alfabetos rúnicos se llamaban futkark o futhorcs por las seis primeras runas, que correspondían con los sonidos f, u, th, a u o, r, y c o k. La versión más antigua de las runas el futkark antiguo, tenía veinticuatro letras; el futkark joven de los tiempos vikingos tenía solo dieciséis, y los pueblos anglosajones que se asentaron en Inglaterra tras la caída del Imperio romano crearon el futhorc de veintinueve o treintaitrés letras.

Con la llegada del cristianismo, las runas dejaron de usarse junto con el resto de las tradiciones paganas nórdicas y germánicas. Esto cambió radicalmente en el siglo XVII, con el resurgimiento moderno.


Véase también:
  • Johannes Bureus interpreta las runas (1611)
  • La visión de las runas de Guido von List (1902)
  • El libro de las runas de Ralph Blum (1983)


Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.
Druidas, o sacerdotes británicos, del litógrafo alemán Joseph Martin Kronheim (1810 - 1896). Lámina a color de su libro de 1868 Imágenes de la historia de Inglaterra.

57 d. C.

Cuando los griegos y romanos llegaron a las naciones celtas de las Galias (actual Francia), Bretaña e Irlanda, encontraron una casta de eruditos y sabios conocidos como druidas. El término probablemente significaba algo así como "los sabios del roble" pero nadie lo sabe con seguridad; este es uno de los muchos misterios que rodean a los antiguos druidas.

En un principio, la gente culta de Grecia y Roma estaban fascinados por los druidas y les dieron el mismo estatus que los norteamericanos dieron en el siglo XX a los gurús de la India. Eso cambió cuando los romanos se propusieron conquistar las tierras celtas. En el 121 a. C., los romanos ocuparon parte de la Galia meridional; entre los años 58 y 51 a. C., Julio César conquistó el resto de la Galia y llevó a cabo dos incursiones en Bretaña; en el año 43 d. C., se produjo la invasión de Gran Bretaña y para el año 48 todo lo que es actualmente Inglaterra y partes de Escocia y Gales estaban sometidas por los ejércitos romanos.

Los druidas jugaron un importante papel en la resistencia, ayudando a levantar el ánimo de los defensores y a coordinar acciones militares entre las diferentes tribus. Como respuesta, Roma se propuso exterminarlos. Los edictos romanos convirtieron a los druidas galos en proscritos tan pronto como se completó la conquista de Julio César, y en Bretaña se sucedió la destrucción de sus lugares sagrados.

El golpe final vino en el año 57 cuando un batallón romano cruzó el estrecho entre el norte de Gales y la isla de Anglesey, un lugar sagrado que se había convertido en el último refugio de los sitiados. La victoria romana fue sucedida por una masacre general. A partir de entonces los druidas permanecieron solo en Irlanda, Escocia y en el montañoso país de Gales hasta que los misioneros cristianos penetraron donde no habían podido las regiones romanas.


Véase también:
  •  Los druidas celebran el equinoccio de otoño (1798)


 Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.

33 d. C.

Según sus cuatros biógrafos oficiales y la fe de veinte siglos de devotos creyentes, Yeshua nin Maryam, ahora más conocido como Jesucristo, era el hijo de Dios nacido de una virgen judía, realizaba milagros y murió en la cruz para redimir a la humanidad. Esta creencia está tan profundamente enraizada en las culturas occidentales que puede chocarnos que, tras su muerte, multitud de romanos interpretan a Jesús de una manera diferente: como un mago.

La literatura judía del siglo I le llama Jesús Ben Pantera, el hijo ilegítimo de un soldado romano y una mujer judía, que fue a Egipto como trabajador inmigrante, aprendió magia allí y atrajo a una serie de seguidores tras su retorno a Judea. Una historia idéntica aparece en los fragmentos supervivientes de la obra del filósofo pagano Celso Contra los cristianos. Muchos de los primeros cristianos mencionaron diversas versiones de esta creencia, ya que era uno de los principales argumentos contra los que tenían que luchar.

Otros magos aparentemente compartían la misma opinión; el nombre de Jesús aparece temprano y a menudo en amuletos y libros de encantamientos como un sortilegio para invocar espíritus, y dos de las tres representaciones más antiguas de la crucifixión están en amuletos mágicos, rodeados de misteriosos hechizos.

Esta narración (que Jesús de Nazaret era un brujo judío cuyos seguidores le redefinieron como un dios tras su muerte) fue algo con lo que tuvo que luchar el recién nacido cristianismo. De hecho, esta creencia seguramente jugó un papel importante en el miedo y odio con que el cristianismo dominante ha visto al ocultismo desde entonces.


Véase también:
  • Apolonio de Tiana (Siglo I)
  • Basílides de Alejandría (c. 120)


Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.
Ilustración de María la Judía de Sumbola aureae mensae duodecim nationum (Símbolos de la mesa dorada de las 12 naciones), 1617, del alquimista alemán Michael Maier.

Siglo I a. C.

Una de las grandes ciudades del mundo antiguo fundada por Alejandro Magno en la costa mediterránea de Egipto, Alejandría, se convirtió en el principal punto de encuentro entre las enseñanzas mágicas y religiosas de los egipcios y de las filosofías e iniciaciones griegas. Del burbujeante caldero de tradiciones que resultaron de la mezcla, salieron los elementos fundamentales del ocultismo occidental, entre ellos la alquimia.

La alquimia era (y es) mucho más que el intento de convertir metales en oro. Para un alquimista, todas las cosas materiales maduran hasta la perfección a no ser que algo se cruce en su camino. La misión del alquimista es eliminar los obstáculos que impiden a las cosas materiales obtener la perfección. Para los metales, esta perfección es el oro; para el cuerpo humano, la salud; para el espíritu, la unión con lo divino; y todas estas y muchas más son objetivos apropiados para el trabajo alquímico.

Para permitir a las sustancias materiales alcanzar la perfección, se necesitan ciertos aparatos de laboratorio. Algunos de los dispositivos más importantes los inventó en el siglo I a.C. una alquimista judía llamada Miriam.

Se conoce muy poco sobre la vida de María la Judía, ya que normalmente aparece en escritos alquímicos posteriores. Que fue una inventora brillante está claro por los aparatos que creó. Uno de ellos, el kerotakis, permitía a los metales estar expuestos a vapores corrosivos sin que estos llegaran a los pulmones del alquimista. Otro, un alambique con tres bocas a diferentes alturas fue el primer equipamiento para la destilación fraccionada.

Su creación más famosa, sin embargo, fue el balneum Mariae, "el baño María", el doble calentador. Lo inventó para proveer de un calor regular y constante a los procesos alquímicos; los chefs lo utilizan hoy en día para cocinar delicadas salsas sin quemarlas.


Véase también:
  • Zósimo de Panópolis (c. 300) 


Autor: John Michael Greer © El Ocultismo.

De acuerdo con el feng shui (el arte y la ciencia de la organización y diseño de entornos, para mejorar el flujo de la energía y generar un ambiente armónico), el desorden puede afectar la armonía de tu hogar.

El desorden es un indicio de que algo no anda bien con tus emociones; refleja desorden en tu mundo interior, confusión, falta de estructuración y de definiciones. Y tiene diferentes significados, según el lugar de la casa donde se presente.

Cocina: Hace referencia a una persona algo frágil o inconforme con su situación general actual.

Debajo de los muebles: Este tipo de desorden indica que le das mucha importancia a la opinión de los demás sobre ti, tu vida y tus acciones.

Detrás de las puertas: Es una expresión del miedo a ser rechazado por los demás y, también, de la sensación de ser vigilado.

Entrada de la casa: Indica un profundo temor a relacionarte con otras personas, debido a la inseguridad.

Escritorio o lugar de trabajo: Es un indicio de miedos y frustraciones, falta de seguridad propia y falta de control sobre decisiones futuras importantes.

Pasillos: Significa miedo a expresarte claramente para decir lo que piensas y deseas.

Patio: Implica temor a lo nuevo y falta de habilidad para actualizarte.

Roperos y cajones: Refleja dificultad para manejar tus sentimientos y emociones más profundos.

Sala: Es el lugar donde se recibe a los invitados, así que refleja inseguridad en tus relaciones y miedo al rechazo.

Sobre la mesa: Los objetos amontonados encima de ella suelen mostrar sofocación por las exigencias del hogar y la familia.

En todos lados: Cuando tu casa en general luce desordenada, indica ira retenida y apatía por la vida en general.


Por otro lado, el tipo de cosas que acumulas en tu desorden también tienen un significado.

Acumular cosas nuevas o que has usado muy poco indica que sueles hacer demasiadas cosas a la vez, no te enfocas por completo en ninguna y las dejas inconclusas. Organizar este tipo de desorden te ayuda a ser una persona más centrada y efectiva en tu vida diaria.

Acumular cosas viejas, como objetos de tu infancia, objetos que pertenecían a generaciones previas de tu familia o que no has usado en mucho tiempo, es reflejo de que vives en una añoranza del pasado y que éste domina tu presente. Esto te impide avanzar y evita que nuevas oportunidades y personas entren en tu vida.